miércoles, 17 de diciembre de 2014

solos

Eramos unos niños. Eramos unos niños y pensamos que podíamos con todo. Eramos unos niños y creímos que todo lo que ocurría era un mundo. Nuestro alrededor se convertía en una fosa de recuerdos que fijaban todos nuestros detalles en una gran montaña de esperanzas. Queríamos crecer, descansar, todo lo que nos pasaba era demasiado para asimilar. Queríamos que pasara el tiempo y poder madurar, convertirnos en lo que habíamos estado pensando tanto tiempo.

Crecimos y nuestras ansias se vieron derrumbadas. Ojalá volviésemos a esos años perdidos donde la vida era un corto cuento, con música de fondo, con pequeños obstáculos fáciles de sobrellevar. La vida entonces se convirtió en una batalla para todos. Sin descanso. La felicidad no vendría sola, tal y como habíamos pensado, deberíamos trabajar solos para conseguirla. Llegó el momento de darse cuenta de nuestra soledad. 

Nos vimos encerrados en cuatro blancas paredes sobrias. La única salida la tiene uno mismo. Madurar es comprender. Madurar es aprender. Madurar es caerse. Madurar es conseguir salir de esas paredes, dejar a un lado nuestra soledad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario