Quiere creer que no sabe
lo que pasa. Se tapa los oídos con las barreras de su mente y cierra
los ojos con pedazos de tristeza. El calor, la agonía, o quizá, la
esperanza. Todavía no sabe el porqué, o en realidad, eso es lo que
quiere creer. Infravalora su exterior sin darse cuenta de que su
interior no necesita querer creer. Quizá sea una coraza de piedra en
la que se esconde, evadiéndose, alejándose. Pero los meses pasan y
puede que sea hora de que las paredes de piedra de su busto se
resquebrajen.
Momentos tardíos de promesa tienden a asomar y sin querer no puede evitar pensar que el buen momento llegará. Un lugar donde asomarse tras un cristal que sea igual por los dos lados, y no opaco en su proximidad. Enciende su cigarro, ya no puede más. Pero está tranquilo, algún día será.
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