martes, 9 de diciembre de 2014

Nos creímos invencibles

Nos creímos invencibles. Creíamos que el mundo estaría bajo nuestros pies. Pero lo lejano se acercó y la cordura despertó, alejándonos de aquello que nos haría inmortales. No necesitábamos nada excepto a nosotros mismos, nadie nos importaba.

Eran noches desenfrenadas, mañanas arrebatadoras y tardes desoladoras, pero juntos desaparecería el terror de lo desconocido. No mirábamos lo que dejábamos atrás y tampoco a quiénes atropellásemos en el camino. Lo único que importaba en aquel momento es que éramos infinitos.

Pero todo acabó. La sonrisa se convirtió en una simple línea dibujada en nuestras caras sin ninguna ondulación. Era recta como la carretera que pasa por el puente de San Francisco y no tenía sentimiento alguno, igual que nuestras mentes. Desvanecía lo peligroso y chocábamos con la realidad. Realidad que habíamos destruido por nuestra vanidad y a la que ahora nos enfrentábamos por el paso de la tempestad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario