viernes, 12 de diciembre de 2014

Cenizas

Y el viento se llevó lo único que nos quedaba. Desaparecieron las cenizas de aquello que creímos fue algo, se esparcieron por el mar y nunca llegué a saber dónde acabaron. Quizá dieron a parar en un pesquero familiar, y las cenizas se posaron en las botas de un abuelo marinero. Quizá se sumergieron, llegando a las profundidades del océano, allá donde no hay más que oscuridad, y el frío lo invade todo, haciendo que nadie pueda saber nunca lo que hay. 

Pero eso nunca los sabremos. Nuestras cenizas desaparecidas con el viento lo hicieron para siempre. Jamás volverán. Jamás volveremos. 

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