Escuchó una vez que las mujeres bellas son aquellas que alzan la vista cuando ven pasar la bruma, que no miran al suelo excepto que haya fango que esquivar, que escriben con pluma porque el bolígrafo se quedó atrás, y que se muerden los labios cuando ven a alguien pasar.
Ella miraba al suelo al caminar, buscaba objetos que encontrar, saltaba en el fango hasta mancharse de más, las plumas le aburrían, no se podía expresar y si se mordía los labios, le dolían.
Descubrió que no hacía falta la locura de la sociedad, que con unos tejanos podía gustar y que si se escondía tras el libro de su mesilla sin esperar ningún "like", estaría a la par de todos aquellos que no sabrían definir vanidad. El universo es efímero, las personas lo somos, ella lo es. Ella lo sabe. No hay humanidad perecedera que contemple la inmortalidad, no hay sociedad eterna que respete la humanidad. Y es que somos unas bestias encerradas en una jaula de piel y cristal. Cristales que rompemos con egoísmo, locura y maldad.
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